Seguramente te ha pasado. Estás en sesión y, ante un relato de pérdida, enfermedad o crisis profunda, el consultante te lanza la pregunta incómoda: «¿Vos pasaste por esto? Porque si no lo viviste, no me podés entender».
Es un reclamo común. Existe la creencia de que el terapeuta necesita una «colección de cicatrices» idéntica a la del paciente para tener autoridad moral o técnica. Pero hoy queremos desarmar este mito y entender qué es lo que realmente nos habilita para acompañar al otro.
1. La autoridad no viene del evento, sino del proceso
Si aplicáramos la lógica del consultante a otras profesiones, sería absurdo: no iríamos a un oncólogo que no haya tenido cáncer, ni a un nutricionista que no haya sufrido de sobrepeso.
La realidad es que los terapeutas no trabajamos sobre el hecho (que es neutro), sino sobre la vivencia. Diez personas pueden pasar por el mismo duelo y vivirlo de diez maneras distintas. Nuestra labor no es conocer el suceso, sino entender los procesos mentales, el alma y la esencia del ser humano, elementos que todos compartimos.
2. El «Sanador no Sanado»: La visión de Un Curso de Milagros
El libro Un Curso de Milagros dedica un espacio fascinante a la figura del «sanador no sanado». Pero ojo, no se refiere a que debas haber superado el mismo problema específico que tu consultante.
Se refiere a tu propio proceso de sanación personal. Para ayudar a otros, debemos haber transitado nuestro propio camino de transformación, sea cual sea el conflicto de origen. La mayoría de nosotros llegamos al mundo de las terapias holísticas buscando respuestas a nuestros propios dolores. Esa experiencia de haber usado las herramientas y haber visto resultados es lo que nos inspira a servir.
No compartimos una vida perfecta; compartimos herramientas que funcionan.
3. Cuando el cuestionamiento es una señal
A veces, el reclamo del consultante («vos no me entendés») es un síntoma en sí mismo. Un maestro decía que hay personas que parecen querer «coleccionar cabezas de terapeutas», llegando a sesión diciendo que nada les funciona.
Cuando alguien cuestiona tu autoridad basándose en tu historial personal, puede ser un indicio de que aún no está listo para sanar. Es una resistencia; una forma de cerrar la puerta antes de empezar. Como terapeutas, debemos estar atentos para no caer en la trampa de dar explicaciones o justificar nuestra valía. Si decides compartir una experiencia personal para empatizar, hazlo desde la conexión, nunca desde la necesidad de «acreditar» tu terapia.
4. Herramientas que trascienden el relato
Existen disciplinas, como el Reiki o ciertas ramas de la neurociencia, donde ni siquiera hace falta que el consultante cuente lo que le pasa para que la técnica sea efectiva. ¿Por qué? Porque trabajamos con energía, con el sistema nervioso y con la mente profunda.
Nuestra función no es tener todas las respuestas, sino tener las preguntas correctas.
Reflexión final
No necesitas haber perdido una pareja para acompañar un duelo, ni haber sufrido una enfermedad crónica para entender el dolor. Lo que sí necesitas es:
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- Estar trabajando activamente en tus propios conflictos.
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- Habitar un espacio de servicio y amor incondicional.
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- Recordar que trabajas con una persona, no con un suceso.
Algunas formaciones de WHA que pueden ayudarte en este camino son:
- Reiki Karuna (del Amor Compasivo)
Una herramienta profundamente amorosa para trabajar desde la compasión, la empatía y la sanación emocional. - Terapia de Sanación con Sonido
Una propuesta que utiliza frecuencias, vibración y sonido para acompañar procesos de armonización y bienestar. - Preguntas Transformadoras
Una formación pensada para aprender a guiar procesos a través de preguntas que despiertan conciencia y ayudan al consultante a encontrar sus propias respuestas.
Cada una de estas herramientas puede complementar cualquier sistema terapéutico y ayudarte a sostener procesos más profundos y transformadores.
¿Te ha pasado alguna vez que un consultante cuestione tu experiencia? ¿Cómo lo gestionaste? Te leemos en los comentarios.
