Bienvenidos una vez más a este espacio diseñado para terapeutas que buscan expandir su mirada y sumar herramientas a su consultorio. Hoy vamos a profundizar en una pregunta que recibo con mucha frecuencia y que suele generar debate: ¿Es correcto entablar una relación de amistad con nuestros consultantes?
En el ámbito de la psicología convencional, los límites suelen ser muy estrictos. Sin embargo, en el universo de las terapias holísticas, nos movemos bajo una dinámica distinta. Al no estar regidos por un ente regulador rígido, nuestra ética nace desde un lugar de coherencia, valores y, sobre todo, humanidad.
Somos Red: La visión espiritual del vínculo
La mayoría de las disciplinas espirituales nos enseñan una verdad fundamental: somos red. Estamos encarnados para ayudarnos los unos a los otros, para ser maestros y alumnos en un intercambio constante.
En este camino, la jerarquía desaparece. La única diferencia entre un guía y quien consulta es que, quizás, el guía llegó un poquito antes a cierta información, pero ambos estamos aprendiendo. Bajo esta premisa: ¿Por qué habríamos de privarnos de una amistad genuina si existe afinidad?
Cómo se construye este vínculo (sin forzarlo)
La amistad con un consultante no es algo que se planee o se proponga en la primera sesión. Es algo que se da por decantación.
- Sincronicidad: A veces coincidimos en una formación siendo compañeros.
- Intercambio de roles: El que hoy es mi consultante, mañana se forma en una técnica y yo termino tomando una sesión con él o ella.
- Afinidad profesional: Muchos consultantes son profesionales excelentes (abogados, contadores, médicos) a quienes terminamos acudiendo por la confianza ya construida.
Personalmente, tengo grandes amigos que empezaron en mi camilla o en mi gabinete. Son personas con valores sólidos, que buscan ser mejores cada día y que están comprometidas con su bienestar y el de su entorno. ¿Quién no querría tener amigos así?
Beneficios de ser «Agentes de Expansión»
Cuando el vínculo trasciende el consultorio, sucede algo maravilloso: nos convertimos en agentes de expansión.
- Recomendación orgánica: Un amigo que conoce tu trabajo te recomendará con una fuerza y honestidad inigualables.
- Círculo de confianza: Al conocer la calidad humana de tu consultante, puedes recomendar sus servicios profesionales con total seguridad.
- Crecimiento mutuo: Sus procesos, preguntas y desafíos nos hacen crecer como terapeutas y como personas.
¿Qué nos impide conectar?
Si sientes que «está mal» o tienes prejuicios al respecto, te invito a preguntarte:
- ¿Quién dice que no se puede?
- ¿En qué se fundamenta ese límite?
- ¿Qué es lo peor que podría pasar?
A veces, son nuestras propias creencias limitantes las que nos impiden disfrutar de vínculos maravillosos. No somos ni mejores ni peores terapeutas por tener amigos que alguna vez fueron consultantes; de hecho, habla muy bien de la confianza y la transparencia generada en el espacio de sanación.
¡Tu turno! ¿Has tenido alguna experiencia donde un consultante se convirtió en un gran amigo? ¿O quizás tienes algún prejuicio que te genera dudas?
Me encantaría leerte en los comentarios. Este espacio lo construimos entre todos con sus preguntas y experiencias. ¡Nos vemos en el próximo post!
