¿Alguna vez te ha pasado que un consultante asiste a varias sesiones y te dice: «Siento que la terapia no me está sirviendo»?
Es una situación temida, pero común en el mundo de las terapias holísticas y el acompañamiento. El consultante llega, pasan las sesiones (cuatro, diez, las que sean) y parece que no hay cambios. Incluso, puede surgir el reproche.
Hoy queremos hablar de un tema fundamental para nuestra salud profesional y emocional: el compromiso, la gestión de expectativas y el rol del ego en la terapia.
La Ilusión de la «Solución Mágica»
Muchos consultantes llegan a nosotros buscando bienestar general, pero no todos están listos para asumir la responsabilidad que conlleva un cambio real. Existe una creencia generalizada de que acudir a un terapeuta holístico es un acto pasivo: «Voy, el terapeuta me dice algo que me ilumina, eleva el conflicto al universo y, mágicamente, todo se resuelve al llegar a casa».
Es como quien se anota en el gimnasio y se queja tres meses después de no ver cambios, aunque nunca asistió a las clases.
He visto casos de personas que van a una consulta de Flores de Bach, se llevan el frasco en el bolsillo y, una semana después, reclaman que no funcionan… ¡cuando ni siquiera han empezado a tomarlas! No es que busquen el conflicto conscientemente; es que realmente no interpretan que ellos son parte activa de la ecuación.
Herramienta Práctica: La Carta de Compromiso
Para evitar malentendidos y frustraciones futuras, recomendamos implementar una Carta de Compromiso desde la primera sesión (especialmente en disciplinas que requieren continuidad, como el Coaching, Reiki o procesos terapéuticos).
En este documento, o acuerdo verbal claro, se definen los roles:
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- El compromiso del Terapeuta: Escuchar, brindar herramientas, acompañar y poner su conocimiento al servicio del consultante.
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- El compromiso del Consultante: Utilizar las herramientas, realizar los ejercicios (respiración, meditación, escritura), tomar acción en su contexto y realizar el trabajo de introspección.
Aclarar esto al principio ajusta las expectativas: «Yo puedo acompañarte, pero no puedo ir a tu casa a resolver el conflicto por ti».
La Trampa del Ego del Terapeuta
Cuando un consultante no avanza, a menudo nos asalta la culpa. «¿En qué fallé? ¿Perdí mi toque? Le di todas las herramientas y no mejora».
Aquí es donde debemos trabajar nuestro propio ego. El mismo ego que nos hace sentir poderosos y «geniales» cuando un paciente cambia su vida en una sesión (consigue el trabajo, la casa y se ve 10 años más joven), es el mismo que nos hunde cuando las cosas no salen bien.
Debemos aprender a desapegarnos del resultado.
El avance o estancamiento no tiene que ver contigo. Tiene que ver con el consultante:
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- ¿Estaba listo para el cambio?
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- ¿Estaba dispuesto a salir de su zona de confort?
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- ¿Necesita más tiempo del que tú esperabas?
Hay personas que procesan en una semana y otras en un año. Nosotros somos facilitadores, no «resolvedores».
¿Cómo gestionar el reclamo?
Si un consultante llega diciendo: «Ya vine a cuatro sesiones y no veo cambios», evita caer en la trampa de la sobrecompensación.
Antes, yo solía intentar «arreglarlo» regalando cosas: «Bueno, te hago una sesión extra gratis, te preparo unas flores sin cargo, te tiro las cartas…». Redoblaba la apuesta asumiendo que el fallo era mío. Error.
La forma sana de abordarlo es volver al acuerdo inicial:
«Recuerdo que hicimos un compromiso al inicio. Lamento que no estés encontrando lo que buscabas. Tal vez tus expectativas eran diferentes a los tiempos de este proceso. Lo que te puedo ofrecer es seguir trabajando en esta misma línea, respetando la disciplina, o si prefieres, puedo recomendarte a otro profesional si sientes que esto no es para ti».
Conclusión: Volver al centro para Acompañar mejor
Acompañar procesos terapéuticos desafiantes requiere mucho más que vocación y conocimiento técnico. Requiere presencia, claridad interna y un profundo cuidado del propio estado emocional y energético. Un terapeuta desregulado, sobrecargado o desconectado de sí mismo difícilmente pueda sostener con coherencia el proceso de otro.
Por eso, el autotratamiento no es un lujo ni un complemento opcional: es una responsabilidad ética y una necesidad real dentro del camino terapéutico. Volver al eje, regular el sistema nervioso, liberar emociones propias y cultivar estados de calma y conciencia es lo que nos permite acompañar sin absorber, sostener sin agotarnos y ofrecer un espacio verdaderamente seguro.
En este sentido, existen formaciones que no solo amplían herramientas profesionales, sino que funcionan como pilares de autocuidado y autorregulación para el terapeuta:
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Manejo Práctico de la Ansiedad
Ideal para aprender a regular el propio sistema nervioso, gestionar la sobrecarga emocional y sostener procesos intensos sin absorber el malestar ajeno. Una base imprescindible para el autocuidado terapéutico. -
Neurociencia y Meditación
Aporta una comprensión profunda de cómo funcionan la mente, el estrés y los mecanismos de autorregulación. Permite volver al centro desde la conciencia, y no desde la autoexigencia o el control. -
Sanación con Mudras
Una herramienta simple, cotidiana y muy efectiva para el autoequilibrio energético. Especialmente útil antes y después de las sesiones, o en momentos de cansancio y desgaste. -
Danza de las Emociones
Un espacio para mover, expresar y liberar emociones propias que muchas veces quedan reprimidas por el rol de acompañar a otros. Fundamental para no cristalizar tensiones emocionales en el cuerpo.
Cuidarnos es lo que nos permite acompañar desde un lugar presente y verdadero. Solamente quien aprende a volver a su propio centro puede ayudar a otros a encontrar el suyo.
