La danza nos conecta con las emociones

Desde tiempos inmemoriales, el ser humano ha practicado la danza, aun sin conocerla como tal. Existe una teoría que sugiere que esta práctica posibilita la conexión con lo divino, con nuestro Yo Superior y con los demás.


La danza, además, es una vía poderosa para conectar con nuestras propias emociones. A lo largo de la historia, ha sido vista como una forma de comunicación y entretenimiento, pero va más allá.


Algunos, erróneamente, asocian la danza únicamente con lo estético, pensando que sólo es para quienes poseen cuerpos delgados y musculosos, destinada a escenarios teatrales. Esto es un mito que debemos eliminar.


La danza es una manifestación que permite una expresión interior más profunda, una conexión con uno mismo y con las emociones que se experimentan en el momento.


Como terapia, puede equilibrar estados de ánimo, siendo especialmente recomendable para quienes sufren ansiedad crónica. Es un complemento eficaz en conjunto con tratamientos médicos y terapias psicológicas.


La ansiedad, en su medida adecuada, es benéfica, ya que proporciona un impulso de energía positiva para la acción.


En la actualidad, aprender a expresarnos a través del movimiento es posible, como con las Danzas Andinas o la Danza de los Chakras.


Estos movimientos nacidos desde lo más profundo de nuestro Ser nos conducen a un equilibrio interno, nos hacen sentir más armónicos y nos enseñan a disfrutar nuestros cuerpos tal como son. Rompen estructuras mentales previas y nos permiten fluir con amor hacia la vida.


Estas danzas pueden ayudar a combatir estados depresivos y liberar emociones reprimidas.


Practicarlas en casa o en espacios naturales es posible, sólo se necesita un espacio moderadamente amplio. La conexión con la naturaleza añade un nivel más profundo de serenidad.


Usar ropa cómoda y libre, preferiblemente estar descalzo o con zapatillas livianas, permite experimentar la plenitud del movimiento.


Imaginarnos pintando con un gran pincel mientras danzamos y dejarnos llevar por la música instrumental favorece la conexión con nuestro interior y la expresión genuina.


La danza también puede ser una actividad introspectiva. Con los ojos cerrados, podemos imaginarnos recorriendo nuestro propio cuerpo con ese pincel, experimentando cada sensación y liberando tensiones acumuladas.


Te invito a explorar la danza en tus quehaceres cotidianos o en momentos dedicados. Descubre tu cuerpo, ámalo sinceramente y entiende que la felicidad está al alcance de todos.


¡Anímate a este hermoso camino! También puedes incorporar elementos como pañuelos, aros o cintas para enriquecer tu experiencia.


Inventa pasos, crea coreografías y gestos faciales mientras te sumerges en la danza.


Abre los brazos, siente el espacio que ocupas y cierra los ojos para darle espacio a tu intuición.


Rodéate con una luz sanadora y hermosa mientras danzas, y elige ser feliz.


Namasté.

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