La gastritis, una inflamación que genera un malestar intenso en la mucosa estomacal, zona donde se inicia el proceso digestivo, puede también manifestarse en el esófago.
Esta inflamación señala la presencia de irritación y enojo hacia algo o alguien que no se puede asimilar. Corresponde a situaciones donde las cosas no se desarrollan según nuestros deseos, y donde surge una sensación de engaño y envolvimiento en ciertas circunstancias.
La realidad que hemos “digerido” resulta molesta. Experimentar una intensa calentura interior y furia (arder por dentro) debido a algo o alguien, refleja este proceso en nuestro cuerpo.
La interrogante es: ¿Qué aspecto de mi vida está generando en mí “ira ardiente” y “ebullición” que eventualmente conducirá a la culpa, si esta aún no es la causa de la inflamación?
Jacques Martel, el creador del Diccionario de las dolencias, propone que los pensamientos están íntimamente entrelazados con los sentimientos, y cuando estamos desequilibrados, nuestro cuerpo se expresa de tal manera.
Comprender la causa subyacente de la inflamación es crucial. Investigar si hubo dificultades sexuales no resueltas en el pasado, o si se ha atravesado un duelo por una pérdida que no se ha aceptado y que genera irritabilidad, provee una comprensión más profunda y positiva.
El esófago es el paso previo a la digestión de los alimentos. Si emociones o pensamientos negativos “pasan mal”, el esófago se contrae y el proceso se vuelve más difícil, lo que lleva a la irritación y refleja nuestra irritación interna.
El esófago actúa como un puente entre la boca (que simboliza la entrada de nuevas ideas) y el estómago, lugar donde debemos digerir esas ideas.
Si experimentamos una intensa ira u odio hacia algo en nuestra vida que no se materializa como deseamos, es posible que esto resulte en cáncer de esófago.
El aprendizaje implica liberar toda amargura y ver cada experiencia como una oportunidad.
El estómago, a modo de horno alquímico, recibe y procesa los alimentos, transformándolos en vitaminas, proteínas y demás necesidades del cuerpo. De manera análoga, el cerebro procesa cómo vivimos los acontecimientos.
El estómago refleja cómo integramos nuestra realidad y nuestra capacidad para digerir nuevas situaciones. Problemas estomacales emergen cuando nuestra cotidianeidad entra en conflicto con nuestros deseos y necesidades.
Dichos conflictos a menudo se encuentran en nuestras relaciones familiares, amistades y en el ámbito laboral. ¿Qué es lo que nos enfurece tanto que no podemos digerir?
La represión o inhibición de una emoción (ira, tristeza, rabia) aumenta la acidez gástrica y nos impide tragar, ya que los ardores reflejan una presión interna en el área estomacal.
La solución radica en conectar nuestros auténticos sentimientos con los ardores estomacales. ¿Sabías que el sistema digestivo alberga más de 100 millones de neuronas interconectadas?
El estómago posee su propio “cerebro”, una red de neuronas que se comunican a través del nervio vago, vinculado a las emociones. Esto explica por qué experimentamos enojo, pensamientos abrasadores, acidez y furia.
La solución no se limita a tomar un protector gástrico diario; es fundamental tomar conciencia de las causas.
Primero, comprendámonos y aceptémonos en nuestra totalidad, cuerpo, mente y espíritu.
El aprendizaje consiste en mantener la calma y observar nuestra forma de ser, reacciones frente a las situaciones y actitud hacia los sucesos cotidianos. Centrándonos en la creencia de que la vida es buena y que nuestras necesidades serán satisfechas en el momento adecuado.
Cualquier situación de estrés bloquea los puntos energéticos de nuestro cuerpo.
Te sugiero realizar visualizaciones rodeándote con una luz amarilla en la zona correspondiente al Chakra 3, llamado Plexo Solar, y nutriéndote con ella durante varios minutos al día.
Además, el Reiki, como terapia alternativa, desbloquea y armoniza los Chakras, y meditar entonando el mantra “Juuuuuuuuuu”, mientras inhalas desde el estómago, rodeado de esa energía de luz amarilla, es altamente recomendado.
Namasté.